La secuencia es casi siempre la misma. El compresor se para, el cuadro muestra un aviso de temperatura, alguien espera diez minutos, rearma y el equipo vuelve a funcionar. Durante unas horas, o unos días.
Esa alarma no es un capricho del control: es una protección que está haciendo su trabajo. Y lo que la dispara casi nunca es una avería del compresor.
Qué está pasando en realidad
En un compresor de tornillo lubricado, el aceite cumple tres funciones a la vez: sella el huelgo entre rotores, lubrica y evacúa el calor de compresión.
Ese calor se disipa después en el refrigerador, cediéndolo al aire ambiente o al agua de refrigeración. Si en cualquier punto de esa cadena el calor no encuentra salida, la temperatura de descarga sube hasta el umbral de alarma y el control detiene el equipo.
La pregunta útil, por tanto, no es «por qué se calienta el compresor», sino «por dónde ha dejado de salir el calor».
Las seis causas habituales
Ordenadas por la frecuencia con que las encontramos en planta:
| Causa | Cómo se reconoce |
|---|---|
| Refrigerador obstruido | Suciedad visible en las aletas del radiador. Es la causa número uno en naves con polvo, serrín, pelusa o abrasivo en suspensión. |
| Ventilación insuficiente de la sala | La sala está notablemente más caliente que el resto de la nave. Empeora en verano. |
| Nivel o estado del aceite | Nivel bajo, o aceite oscuro y degradado por haber superado su intervalo. |
| Temperatura ambiente excesiva | El equipo aspira aire caliente, a veces el que él mismo expulsa. |
| Válvula termostática | No deriva el aceite al refrigerador cuando debe. El equipo calienta rápido incluso con todo lo demás correcto. |
| Fallo del ventilador | No arranca o gira con dificultad. Se detecta escuchando y observando. |
Nótese que cinco de las seis tienen que ver con el entorno del equipo y no con el equipo en sí.
Si le ocurre de forma repetida, no lo deje pasar. El sobrecalentamiento continuado degrada el aceite y acorta la vida del elemento compresor.
Qué puede comprobar usted mismo
Con el equipo parado, despresurizado y con la alimentación eléctrica bloqueada, hay cuatro comprobaciones sencillas que acotan mucho el diagnóstico:
- Mire el radiador. Si las aletas están tapadas por una capa de polvo o pelusa, tiene la causa más probable delante.
- Compruebe el nivel de aceite y su aspecto. Un aceite muy oscuro indica que ha trabajado más de la cuenta.
- Toque el ambiente de la sala. Si al entrar nota un salto claro de temperatura respecto a la nave, la ventilación es insuficiente.
- Vea de dónde aspira. Si la toma de aire está dentro de la sala y próxima a la salida de aire caliente del propio equipo, está recirculando su propio calor.
No abra el calderín separador ni ningún elemento del circuito sin haber despresurizado por completo. Un depósito con presión residual es peligroso aunque el equipo esté parado y aparentemente frío.
Por qué no conviene reiniciar sin más
Rearmar la alarma no corrige nada: sólo permite que el equipo vuelva a calentarse.
Y el sobrecalentamiento repetido tiene consecuencias acumulativas:
- El aceite se degrada mucho más rápido, pierde propiedades lubricantes y forma depósitos.
- El separador aire-aceite sufre, aumentando su pérdida de carga y dejando pasar aceite a la red.
- Los rodamientos trabajan peor lubricados, lo que acorta su vida.
- El elemento compresor puede acabar dañado, y su sustitución es de otro orden de magnitud que cualquiera de las reparaciones anteriores.
Es decir: un problema que probablemente se resolvía limpiando un radiador puede convertirse, a base de rearmes, en la reparación más cara del equipo.
Cuándo el problema es la sala, no el compresor
Hay un caso muy frecuente en naves relativamente nuevas: el compresor se instaló en un cuarto que el proyecto no había previsto como sala de compresores.
Un compresor genera mucho calor y necesita renovación de aire para evacuarlo. Encerrarlo en un cuarto pequeño y sin ventilación traslada el problema del ruido a la temperatura, y el equipo trabaja permanentemente al límite.
Las señales de que ese es su caso:
- Las paradas se concentran en verano o en las horas más calurosas.
- El problema empeoró tras cerrar o insonorizar el cuarto.
- Al abrir la puerta de la sala, el equipo aguanta más tiempo sin pararse.
Esa última es bastante concluyente. Y la solución no pasa por cambiar el compresor: pasa por resolver la entrada de aire fresco y la salida del aire caliente.