Si tuviera que elegir una sola medida de ahorro para una instalación de aire comprimido cualquiera, y no pudiera gastar dinero en equipos, elegiría esta.
No porque sea espectacular, sino porque es la que más veces resulta aplicable: es muy habitual encontrar plantas trabajando por encima de la presión que realmente necesitan, y casi siempre por una razón que dejó de existir hace años.
De dónde sale ese 6-7 %
Comprimir aire cuesta energía, y cuanto más se comprime, más cuesta. Como regla práctica ampliamente aceptada en el sector, cada bar adicional de presión de trabajo supone del orden de un 6 a un 7 % de consumo eléctrico adicional en el compresor.
Hay además un segundo efecto que casi nunca se contabiliza: a mayor presión de red, más caudal se escapa por cada fuga existente. Una instalación con fugas trabajando un bar por encima no sólo comprime más caro, sino que además pierde más.
Los dos efectos van en la misma dirección, y por eso bajar la presión suele rendir algo más de lo que sugiere el cálculo simple.
Por qué la consigna está más alta de lo necesario
El motivo es casi siempre histórico, y sigue un patrón reconocible:
- En algún momento hubo un problema de presión en un punto concreto de la planta.
- Alguien subió la consigna del compresor para compensar. Funcionó.
- El problema original se resolvió por otra vía: se cambió la máquina, se amplió un tramo de tubería, se reparó una fuga.
- La consigna se quedó donde estaba, porque nadie recordaba por qué se había subido.
Multiplique eso por veinte años y varias personas distintas en mantenimiento, y tiene la explicación de por qué tantas plantas trabajan a una presión que nadie decidió conscientemente.
Antes de bajar la consigna, mida. Hay que saber qué máquina exige más presión y cuánta se pierde por el camino hasta ella.
Los cuatro pasos para bajarla con seguridad
No es cuestión de girar un mando. Hacerlo sin análisis previo lleva a que una máquina empiece a fallar de forma intermitente dos semanas después, sin que nadie relacione una cosa con la otra.
1. Identificar la máquina realmente restrictiva. No la que todo el mundo cree, sino la que exige más presión según su fabricante. A veces es un equipo pequeño y poco visible.
2. Medir la caída de presión hasta ese punto. La diferencia entre lo que entrega el compresor y lo que llega a esa máquina es el margen que hay que reservar obligatoriamente.
3. Decidir si esa caída es asumible. Si es excesiva, a veces sale más a cuenta ampliar un tramo de tubería que mantener toda la planta a más presión durante los próximos diez años.
4. Bajar de forma progresiva y verificar. En escalones pequeños, comprobando entre uno y otro que ninguna máquina se resiente, y dejando margen para los picos de consumo.
Cuándo el problema no es la presión, es la red
Si al medir encuentra una caída de presión importante entre el compresor y los puntos de uso, la consigna alta no es la enfermedad: es el síntoma.
En ese caso, bajarla sin más hará que falte presión donde antes llegaba justa. Lo que corresponde es actuar sobre la causa:
- Tramos infradimensionados, típicamente los que se añadieron cuando la planta creció.
- Filtros saturados, cuya pérdida de carga aumenta de forma silenciosa a medida que se colmatan.
- Red oxidada por dentro, en instalaciones antiguas de acero al carbono, con la sección efectiva reducida.
- Exceso de codos y accesorios en un trazado que fue creciendo sin plan.
Corregido eso, la presión de trabajo puede bajar sin que nadie lo note en producción. Que es exactamente el objetivo.
Qué no hacer
- No baje la consigna sin haber identificado la máquina restrictiva. Es la forma más rápida de generar fallos intermitentes difíciles de diagnosticar.
- No lo haga de golpe. En escalones pequeños, verificando entre uno y otro.
- No olvide los picos. Una planta puede funcionar bien a una presión determinada y quedarse corta en el momento de máxima demanda simultánea.
- No trate la presión de forma aislada. Si hay fugas sin corregir, atáquelas primero: se benefician las dos medidas a la vez.
Hecho con orden, es de las pocas mejoras que se notan en la factura del mes siguiente sin haber comprado nada.